En artrosis inducida en ratones por una dieta con exceso de fósforo, se ha detectado que la ingesta de CH estimula la diferenciación de condrocitos e inhibe su pérdida, manteniendo su funcionalidad. Además, se incrementa la producción de glicosaminoglicanos.
Todo ello frena el adelgazamiento del cartílago e impide su degradación y mineralización (proceso de calcificación de tejidos blandos paralelo a una progresiva descalcificación ósea). Al parecer, el dipéptido bioactivo Pro-Hpro, mayoritario en sangre tras ingerir CH de origen porcino, es el principal responsable de estos efectos.
Estudios en ratones ovariectomizados, detectan que la ingesta de CH modula la formación de hueso y la mineralización de matriz ósea. En concreto, se observa que estimula el crecimiento y diferenciación de los osteoblastos e inhibe la diferenciación de los osteoclastos. Esto va unido a un descenso de los marcadores de resorción ósea en sangre, un aumento del diámetro externo de la zona cortical del fémur y un incremento de la resistencia a la fractura del mismo y también de las vértebras. Otros estudios confirman que la ingesta de CH incrementa la densidad mineral ósea (DMO) y favorece el metabolismo óseo, especialmente cuando existe déficit de calcio.
Se ha detectado que la ingesta de CH conduce a un aumento significativo de la concentración de Hpro y de colágeno tipo I y IV en la dermis, así como a un incremento de la densidad de fibroblastos, y del diámetro y densidad de las fibras de colágeno dérmico. También se ha comprobado que la ingesta de CH ayuda a suprimir el daño dérmico causado por la radiación solar UV-B y por el fotoenvejecimiento. Estudios clinicos a nivel dérmico respaldan los efectos beneficiosos del CH sobre las propiedades de la piel, como mejor hidratación y elasticidad, reducción de arrugas y redensificación. También se detecta una mejor funcionalidad tanto de la dermis como de la epidermis. Por todo ello, se llega a la conclusión de que el CH es un agente útil para combatir el envejecimiento dérmico.